LA MUJER EN LANZAROTE

A una semana del 8 de marzo, quiero apovechar este espacio que tengo para recordar el rol de la mujer en Lanzarote.

La población de Lanzarote en general, tanto hombres como mujeres, ha sabido desde siempre resistir a cualquier tipo de adversidad y crisis con mucho ánimo y ganas de seguir adelante. Es por todos conocido el rol de los hombres que empezaron a cultivar la vid tras las erupciones del Timanfaya; es un trabajo muy arduo al igual que la labor de los marineros que salían durante meses a la mar para que a sus familias no le faltara de nada.

Per en todo esto ¿dónde estaban las mujeres? Cierto es que en muchos casos pasaban su tiempo a cuidar del hogar y de la familia, pero han hecho mucho más que esto.

Mientras los hombres pasaban meses en alta mar pescando, las mujeres – a parte de encargarse del cuidado de los hogares – trabajaban también en las conserveras de Arrecife o ayudaban en la recogida de la sal en las salinas. Una labor igual de importante que la de pescar. Todos colabraban y aportaban su granito de arena a la economía familiar, desde los hijos e hijas hasta la madre y el padre.

Panorámica de las salinas del janubio

Y cuando se decidió empezar a plantar tuneras para criar la cochinilla, las mujeres también estaban ahí, ayudando y colaborando en el cuidado de las plantas y en el criado del insecto. Había que poner la cochinilla dentro de los calcetines y poner éstos en las pencas de las tuneras.

cochinillas en una penca

Y no puedo terminar este artículo dedicado a la mujer sin hablar de las mujeres gracioseras; ellas más que nadie son el ejemplo más emblemático de lo que ha sido el rol de la mujer en Lanzarote, y La Graciosa.

Si los hombres gracioseros eran los encargados de pescar, eran las mujeres que se dedicaban a vender el pescado, o cambiarlo por productos de la agricultura. Pero en La Graciosa no había (y no hay) campos de cultivo. Había que llegar hasta la isla hermana de Lanzarote. Y así, las mujeres llegaban con pequeñas embarcaciones hasta la playa del Risco, en el norte de Lanzarote, y desde aquí subían por las laderas del risco hasta llegar al pueblo de Haria. Así subían a casi 600m desde el nivel del mar, por una ladera con fuerte pendiente, con cestas llenas de pescado en sus cabezas. Cuando llegaban a Haría vendían el pescado y volvían a La Graciosa con los productos de la tierra. Ahora, recorrían el camino a la inversa, bajando por el Risco y con las cestas llenas de tomates, papas, y otras frutas o verduras.

Hoy este camino es conocido por el nombre de El Camino de Los Gracioseros, pero en realidad debería llamarse El Camino de Las Gracioseras.

Publicado por MariaCG

Decía Saramago:Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía. Hago mía esta frase.

5 comentarios sobre “LA MUJER EN LANZAROTE

  1. Muy interesante conocer más acerca del papel de la mujer en Lanzarote y todas las contribuciones que las mujeres han realizado a lo largo de los tiempos para contribuir a la economía familiar. Sin duda, trabajos muy pesados y comparables en su importancia a la labor de la pesca realizada por los hombres de la isla. Interesante también conocer la historia del Camino de los Gracioseros, que como dices bien podría también llamarse Camino de las Gracioseras. Cuando algún día por fin pueda visitar Lanzarote ¡sin duda me acercaré a conocer este lugar!

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  2. Es increíble la dureza de la vida de las mujeres de entonces ( y en muchos lugares más de ahora) Me ha llamado mucho lo del tema de la cochinilla a lo que se dedicaban las mujeres en Lanzarote, ¿Se conserva algo de esto en la actualidad? Y lo del camino de las Gracioseras es muy interesante, que a veces parece que se nos olvida La Graciosa y allí sin tierras para cultivar tuvo que ser más duro aún el panorama.

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  3. Si. La Graciosa está ahí, y quién venga a Lanzarote debería ir un día a la octava isla ☺️. El cultivo de la cochinilla está casi desaparecido porque no es rentable con los tintes sintéticos que hay. Piensa que por 1kg de tinte se necesitan casi 3kg de insectos

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  4. Afortunadamente cada vez estamos más cerca de una igualdad plena, y aunque todavía queda camino por recorrer, creo que llegaremos a ver esa igualdad.
    En mi casa, mi madre también trabajaba y colaboraba de ese modo a la economía familiar.
    No sabía que La Graciosa no tenía campos de cultivo.

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