LOS HELECHOS

Una ruta que hice hace tiempo y que siempre despierta en mí emociones y recuerdos positivos. Es un recorrido fácil aunque un poco largo: por ello suelo hacer una parada en medio del campo, entre el verde de la zona norte de la isla de Lanzarote.

Empezamos desde el pueblo de Maguez, en el municipio de Haria y nos dirigimos hacia la montaña que se ve justo detrás de la iglesia del pueblo. No hay pérdida: el camino está marcado, solamente debemos seguir la vereda que nos lleva hasta la cima de la montaña Los Helechos. La belleza de esta ruta está, para mí, en

  • las vistas desde lo alto. Una de las veces que hice esta ruta había un fuerte viento y, en estos casos, no es aconsejable llegar a la cima. Geográficamente estamos en la zona del Malpaís de La Corona, una zona trasnformadas porlas erupciones de este volcán y también una de las zonas más fertiles de la isla de Lanzarote. Durante la ruta, podremos perfectamente observar y distinguir el camino que nuestros/as mayores recorrían para ir hasta Haría.
Vistas a la costa, en proximidad de la zona de Jameos del Agua
  • la naturaleza. Estamos en la zona más lluviosa y verde de la isla, en la zona norte, la de barlovento que recibe la influencia directa de los alisios. Aquí, además de la vegetación típica de toda la isla, como los tabaibales, se encuentran también unos de los mejores ejemplos de palmerales de la zona este del Archipielago. El valle de las 100 palmeras no está muy lejos de aquí. Y también estamos cerca de Mala o Guatiza, donde predominan las tuneras y el cultivo de la cochinilla. Es la zona con más endemismos de la isla, tanto relativos a la flora, como a la fauna.
  • historia y tradiciones. Es principalmente una zona de cultivos. Los primeros habitantes de Lanzarote se dedicaban a la agricultura (cultivo de cereales) y a la ganadería, sobre todo la cabrina. Pasaban horas y horas en el campo, las mujeres recogiendo los cereales, y los hombres cuidando del ganado. A lo largo de esta ruta, es fácil encontrar restos de cuevas y taros, usados por los campesinos que pasaban dias enteros en el campo. En la foto aquí abajo, podrás ver la entrada a un taro, una pequeña habitación natural, excavada entre las paredes de la montaña. Para que el viento o la lluvia no cerracen la entrada a estas pequeñas cuevas, los aborigenes fortalecían la entrada a la misma usando las piedras que se encontraban en el campo.

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